La cocina maltesa es un cruce de caminos: base mediterránea, acento siciliano, huellas árabes y costumbres británicas. Comer en Malta es barato si sabéis dónde (la pastizzeria de barrio) y muy variado si os alejáis de las zonas más turísticas.
Lo que hay que probar
Pastizzi
Una especie de hojaldre relleno de ricotta (tal-irkotta) o de crema de guisantes (tal-piżelli). Los hacen a diario y los mantienen calientes, así que cuidado al primer bocado: llegan muy calientes y el de queso retiene el calor una barbaridad. Están muy buenos y en algunos sitios salen especialmente crujientes. Las pastizzerias de barrio, a menudo sin más carta que la vitrina, son la comida más barata de la isla y una institución social: la de Rabat, junto a Mdina, es peregrinaje obligado.
Tal y como hemos comentado, son hojaldres rellenos de queso o de crema de guisantes, así que resultan ideales como snack prácticamente en cualquier momento. Y son fáciles de encontrar: en cualquier esquina hay una pastizzeria.
Recordamos especialmente unos que comimos enfrente de Pretty Bay, aunque reconocemos que los que tomamos por el resto de Malta no desmerecían en absoluto.
Según el sitio donde los compréis, los precios rondan los 0,50 € —o incluso algo menos en los locales tradicionales y pequeños— y se acercan al euro en los sitios mejor situados y turísticos.
Si tenemos que elegir, nos quedamos con el de queso, aunque a la pequeña de la familia le gustaban más los de crema de guisantes: nuestra recomendación es que hagáis la debida cata para decidir cuál es vuestra preferencia.
Desafortunadamente, son gluten puro, así que para intolerantes o celiacos no es el plan.
Ftira
El pan plano maltés con forma de rosca, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2020. Se come relleno: el clásico lleva tomate, atún, alcaparras, aceitunas y aceite (ħobż biż-żejt en versión bocadillo), pero encontraréis versiones con carne, quesos y distintas salsas... En Gozo, la ftira gozitana se hornea como una especie de pizza rústica con patata: buscadla en Nadur.
Aunque hay ftiras en multitud de establecimientos locales, nosotros no probamos ninguna hasta que nos topamos con una opción sin gluten. Queríamos disfrutar de la gastronomía local en familia, con opciones que pudieran satisfacernos a todos, y en Wild Honey (152 Old Bakery Street, La Valeta) pudimos darnos el gusto.
Pese a probar una versión sin gluten, todos coincidimos en lo mismo: es un producto que sí o sí hay que probar cuando se viene a Malta. El horneado —en nuestro caso, en el horno tradicional del restaurante— de ese pan cargado de carne, queso, tomate y aceite nos hizo disfrutar mucho de la experiencia gastronómica.
Fenek (conejo estofado)
El conejo a la maltesa, estofado lentamente en vino y ajo, es el plato de las celebraciones familiares. La experiencia completa es la fenkata: una comilona entera alrededor del conejo, con la pasta en su salsa de primero. Los pueblos del interior (Mġarr, Rabat) son su territorio clásico.
En todas las guías hablan del conejo estofado como uno de los platos que destacan en la cocina maltesa. Aunque lo vimos en varias cartas, nosotros no nos animamos a probarlo: entre que no somos muy de ese tipo de carne y que con frecuencia se usan harinas para engordar la salsa, nos decantamos por otras opciones, ya que en Malta hay mucha influencia de la cocina mediterránea y de todo lo que viene de Italia.
Una curiosidad: en una conversación con un habitante de Malta nos reconoció que había comido en multitud de establecimientos las distintas versiones del fenek maltés y que, sin embargo, pese a hacer frecuentes excursiones por la isla, nunca había visto un conejo vivo en libertad…
Del mar: lampuki, aljotta y pulpo
El lampuki (dorado o dolphinfish) es el pescado maltés por excelencia, en filete o en la tradicional torta tal-lampuki (empanada). La aljotta es la sopa de pescado con ajo y arroz, y el pulpo (qarnit) aparece en guisos y ensaladas. El paseo de Marsaxlokk es el escaparate natural de todo ello.
Comimos en el Skuna (), un restaurante bien valorado en las guías, con una carta relativamente amplia y sin precios desorbitados. Nos sorprendió gratamente, aunque cometimos el error de querer probar demasiadas cosas para nuestra hambre y el número de comensales: una parrillada de marisco, atún asado con tomate, pulpo…
Muy recomendable. Pero para la próxima vez pediremos menos… o llevaremos más apetito.
Quesos, dulces y más
Ġbejniet: los quesitos de leche de cabra u oveja de Gozo, frescos, secos o a la pimienta. Imqaret: pastelitos fritos de dátil, en puestos como los de la entrada de La Valeta. Kannoli: herencia siciliana en versión maltesa. Qassatat: la alternativa de masa quebrada al pastizz.
Nosotros no probamos los postres más tradicionales de Malta. Pero sí nos hicimos adictos a los croissants rellenos —de Nutella y de crema de pistacho, fundamentalmente— que hornean a diario en una pastelería de Triq il-Kbira (Sliema), justo enfrente del Welbee's, según se baja hacia el Lidl. Y si lo vuestro es el goloseo, Fontanella (en Mdina) es un sitio para estimular las papilas gustativas.
Hablando de la cercanía a Italia y de visitar Malta cuando aprieta el calor, no os podéis perder las heladerías que encontraréis en cada esquina. No son económicas, pero algunas son realmente memorables: en Victoria probamos un helado de canela justo al lado de la subida hacia la Ciudadela, y en Sliema, justo enfrente de Exiles Beach, tenéis RivaReno Gelato, que consideramos de obligada visita.
Qué se bebe
- Cisk: la lager maltesa omnipresente desde 1929, la cerveza de la isla en cualquier terraza. Tiene un punto más de cuerpo y amargor del que quizá estéis acostumbrados, así que la primera sorprende. El precio habitual de la media pinta ronda los 2,50 €. (Para el celiaco: no es apta; ver Malta sin gluten.)
- Kinnie: el refresco nacional, amargo de naranja y hierbas aromáticas. O lo amas o lo odias; probarlo es obligatorio.
- Vinos malteses: bodegas como Marsovin o Delicata trabajan uva local (Ġellewża y Girgentina) e internacional; los blancos frescos van perfectos con el pescado.
Cisk: probarla está bien. Si sois amantes de la Estrella Galicia, o si os van más las tostadas, esta lager no os parecerá gran cosa. Por opciones no os preocupéis: hablamos de una isla con una influencia inglesa enorme y en sus múltiples pubs encontraréis la gama que queráis… eso sí, a precios bastante mayores.
Kinnie: allí es un producto bastante apreciado. En lo personal, nos pareció parecido al Bitter, con lo que eso conlleva por lo amargo de su sabor y unas burbujas que no son especialmente duraderas. Ahora bien, refrescante es un rato.
Dónde comer: nuestra ronda de restaurantes
Hay multitud de establecimientos donde disfrutar de la comida típica, cadenas de comida rápida y también restaurantes distintos donde dejarse sorprender. Nosotros visitamos bastantes de los que nombran las guías de viaje, y estas son nuestras conclusiones sinceras.
The Compass. Merecen la pena sus vistas, pero no esperéis grandes sorpresas gastronómicas: se va por el sitio, no por la carta.
Una hamburguesería con carne tipo wagyu. No fue lo que parecía. Con el reclamo del wagyu por delante, la experiencia se quedó bastante por debajo de lo que prometía el cartel.
Hammett's Gastrobar. El que más gratamente nos sorprendió: un restaurante muy diferente, con propuestas que se salen de lo habitual en la isla. Un aviso importante: aseguraos de tolerar el picante, porque estaba presente en todos los platos.
Comer barato y comer bien
- Pastizzeria: desayuno o merienda por muy poco dinero.
- Każin del pueblo: los clubes de las bandas de música sirven a veces comida casera a precio local; atentos durante las festas.
- Menú del día en zonas no turísticas frente a las cartas del paseo de Sliema: la diferencia de precio es notable.
Tour gastronómico por La Valeta Cata de vinos malteses
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